miércoles, 6 de junio de 2012

Mi querida África


Biblioteca Terrestre.

Fragmento de una carta de un explorador a su amada.

Carta fechada aproximadamente en el siglo XVIII

Mi querida África,

te escribo estas palabras cuando apenas hace unas horas que nos hemos despedido. No  puedo contenerme de la pena y de la tristeza que me embarga y que dolorosamente se transforma en lágrimas que brotan de mi ojos sin cesar, resbalan por mi mejilla quejumbrosa aguaceros que no es otro sentir que el lamento de abandonarte.

Me hallo en mi camarote, no quiero ni comer, ni ver a nadie. Desde el maestre a los grumetes, todo ellos han bajado para hacerme salir de mi encierro, del cual no tengo fuerzas, ni ganas de abandonar. Ni obligándome a palo limpio sería capaz de alzarme y mezclarme entre ellos.

Mi cuerpo y mi mente están inertes, sólo la pena de no verte más, es lo único que siento, se enreda entre mis tripas retorciéndolas causando el profundo dolor, el que me obliga a permanecer enroscado y que sólo consigue apaciguar el recuerdo de tu hermosura.

Eso es lo que me duele, no volver a verte, no poder ver tu belleza, no poder sentir el misterio de tu mirada profunda. África, mi amor eterno, nunca más veré tu sonrisa de la mañana con la que me  brindabas al despertar, siempre iluminada por el mayor sol que jamas un hombre blanco haya podido imaginar.

Oh! Mi dulce África,  siempre llevaré en mi más profundo recuerdo el guarecer de las selvas, ora con sus peligros, ora con sus aventuras.
Cómo olvidar a mi África querida, ¿recuerdas?¿Cómo observaban mis ignorantes ojos de hombre blanco la grandeza de las bestias que recorrían la sabana? Cuánto asombro, no cabían en mí tanto cúmulo de emociones.
Un festival diario, una exhibición diaria que nos mostraba la madre naturaleza grande y magnánima, tan generosa como voluptuosa.

Me enseñaste con paciencia a entender a sus gentes, cada uno, con sus rarezas, sus costumbres y cómo me sentía al descubrir el sentido real de la pluralidad.

Y me duelen las lágrimas que vierto,  me desgarran por dentro, haber descubierto tanta vida llena de colosal belleza y que mis compadres, los hombres blancos nada han respetado.

Cómo contar todo las maravillas que he visto, cómo contar los desastre y vejaciones.
Me avergüenzo de mi gente y ni con mil años que pasaran podrías perdonar tanta falta de humanidad y el poco juicio que ha demostrado el hombre blanco al destrozar el equilibrio natural del que siempre, durante milenios habéis disfrutado.



Mi querida África


2 comentarios:

Creatividad y Artesanía dijo...

Que imagen tan tierna!
Besos
Mamen

Isabel dijo...

Palabras tristes de despedida, desgarradores sentimientos, diría yo.
La ilustración no puede ser más tierno.
Un fuerte abrazo.